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Cultura

La música típica de cada comunidad de España: del flamenco a la muiñeira, y por qué casi ninguna nació aquí

Igual que cada comunidad tiene su plato, cada una tiene su sonido. Y en muchos casos, su propio instrumento.

Esta es una guía del mapa musical de España: qué se toca en cada sitio, de dónde viene y qué lo sostiene. Porque entender un país también es entender a qué suena.

El noroeste: la gaita manda

Galicia. La muiñeira, un baile rápido que toma su nombre de los molinos. El conjunto clásico es gaita y tamborilero, y a él se suman las pandereteiras. Hay además una forma propia, los alalás, cantos que algunos emparentan con el gregoriano. Los primeros registros documentales de la muiñeira se sitúan en el siglo XVIII.

Asturias. Gaita asturiana y tonada, el canto largo que se escucha en las fiestas de aldea. El corri-corri figura en el inventario de Patrimonio Cultural Inmaterial del Ministerio de Cultura.

Cantabria. El rabel, instrumento de cuerda frotada que se toca apoyado en el pecho. Las danzas cántabras también están inventariadas como patrimonio inmaterial.

Las tres comparten una tradición de gaita que suele asociarse al mundo atlántico. Conviene matizarlo: las lenguas de las tres regiones derivan del latín, y el parentesco es más cultural y festivo que lingüístico.

El norte: acordeón, flauta y verso improvisado

País Vasco. El txistu, flauta de tres agujeros que se toca con una mano mientras la otra percute el tamboril. Y la trikitixa, el acordeón diatónico. A ellos se suman la alboka y la txalaparta, esta última golpeada por dos intérpretes a la vez.

Pero lo más singular no es un instrumento: es el bertsolarismo, el arte de improvisar versos cantados. Un duelo de ingenio en directo, sin papel.

Navarra y La Rioja. Jota y txistu, en la frontera entre dos mundos musicales.

Aragón: la jota que se extendió por todo el país

La jota es probablemente el género español con más descendencia. Nació en el siglo XVIII, se cree que en el sur de Aragón, y hoy cada región tiene su versión: castellana, gallega, valenciana, murciana.

Se baila en pareja, con los brazos en alto, acompañada de rondallas de guitarras, bandurrias, laúdes y panderetas, y a menudo con castañuelas. La Jota Aragonesa está recogida en el Patrimonio Cultural Inmaterial de España.

Un dato para quedarse: existe también la jota filipina. La expansión del género siguió las mismas rutas que el idioma.

Cataluña: el círculo y la cobla

La sardana se baila en corro, con las manos unidas, y la toca una cobla: una formación de viento con instrumentos propios como la tenora y la tible, además del flabiol, flauta de cinco agujeros que el mismo músico acompaña con tamboril.

Pero Cataluña no es solo sardana. Hay ball de gitanes, bailes de bastones y cercaviles. Y algo que interesa especialmente a un lector latinoamericano: las habaneras, que llegaron de Cuba con los marinos y se quedaron en la costa catalana como repertorio propio.

Levante, Baleares y el sur

Comunitat Valenciana. La dolçaina y el tabalet, y sobre todo una tradición de bandas de música extraordinariamente densa.

Baleares. El ball de bot, con xeremies, flabiol y tamborino.

Murcia. Las cuadrillas y el repertorio de aguilandos que se canta en Navidad de casa en casa.

Andalucía. El flamenco, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco en 2010. Dentro caben fandangos, granaínas, malagueñas, sevillanas, saetas, siguiriyas y soleares.

Extremadura. Los jaleos y el repertorio de tamboril y gaita extremeña.

Las dos Castillas y Madrid

Castilla y León y Castilla-La Mancha. Dulzaina y tamboril, seguidillas, paloteos y jota castellana. La dulzaina es, junto a la gaita, el otro gran instrumento de viento del folclore peninsular.

Madrid. El chotís, que se baila al son del organillo. Y aquí viene lo bueno: el baile más castizo de Madrid es de origen centroeuropeo. Llegó en el siglo XIX, se quedó, y hoy no hay nada que suene más a San Isidro.

Canarias, Ceuta y Melilla

Canarias. El timple, una pequeña guitarra de cinco cuerdas, sostiene isas, folías y malagueñas. Si te suena parecido al cuatro venezolano o al charango, no es casualidad: las islas fueron escala obligada hacia América, y el tráfico musical fue de ida y de vuelta.

Ceuta y Melilla. Repertorios marcados por la herencia andalusí y magrebí, con presencia de música arábigo-andaluza.

Lo que casi nadie cuenta

Aquí está el hilo que une todo este mapa: casi ninguna de estas músicas nació pura.

El flamenco se formó en el cruce de lo gitano, lo morisco, lo judío y lo andaluz. Y tiene una familia entera de palos llamados de ida y vuelta: la guajira, la colombiana, la rumba, la milonga. Nacieron del contacto con América y volvieron transformados.

Las habaneras catalanas vinieron de Cuba. El chotís madrileño, de Centroeuropa. El timple canario es primo de media cuerda caribeña. La jota llegó hasta Filipinas.

Es exactamente lo mismo que pasa con la comida: la patata de la tortilla y el tomate del gazpacho llegaron de América.

Así que la próxima vez que alguien diga que la cultura se defiende cerrando puertas, conviene recordarle a qué suena España. Suena a todo lo que llegó de fuera y se quedó.

¿Cuál es la música de tu tierra? Cuéntanoslo en Instagram y armamos el mapa sonoro de los hispanos en Europa.

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Gustavo Martinez

Publicista de formación y comunicador. Fundador y editor en jefe de HispanosATX, el medio digital más relevante en español de la comunidad hispana en Texas, USA. Más de 20 años en marketing, comunicaciones y medios. Dirige Hispanos en Europa con la misma convicción que lo trajo hasta aquí: que una comunidad informada es una comunidad más fuerte.

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